01/23/2019
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Nuevos modelos familiares: las familias ensambladas

  El modelo tradicional de familia ya no es la norma en la sociedad actual. Si bien el modelo de la familia tradicional está muy naturalizado, no deja de ser una construcción social, que va cambiando

 

El modelo tradicional de familia ya no es la norma en la sociedad actual. Si bien el modelo de la familia tradicional está muy naturalizado, no deja de ser una construcción social, que va cambiando con el tiempo. Incluso en el mundo idealizado de la publicidad se han filtrado los cambios: en 2015 la marca de gaseosa líder en el mundo puso en el aire un spot que muestra diálogos entre padres e hijos en diversos tipos de familias (madres o padres solteros con hijos, progenitores de igual sexo o de distintas nacionalidades…). El mensaje del spot es claro: no existe una fórmula única para conseguir la felicidad, cada familia es diferente, porque existen infinitas formas de ser feliz y ninguna es mejor que la otra. Hoy coexisten con la familia tradicional las familias monoparentales, las parejas separadas con hijos que pasan algunos días con cada progenitor, las familias homoparentales , las familias extensas (hogares en los que viven parientes de varias generaciones, generalmente abuelos, hijos y nietos), las parejas con hijos previos sin convivencia  y las familias ensambladas (hogares en los que uno o ambos miembros trae consigo hijos de un matrimonio o pareja anterior, agregando en algunos casos también hijos en común).

De la pareja con hijos previos a la familia ensamblada…

El primer desafío de las parejas que se conocen teniendo uno o ambos hijos previos es el de presentar o no la nueva pareja a los hijos. Los psicoterapeutas solemos recomendar esperar un tiempo prudencial antes de esta presentación, para no exponer a los hijos a nuevas desilusiones en caso de que la pareja no prospere.  Pero también estamos observando casos en los que uno de los dos miembros de la pareja se resiste a introducir su nueva pareja en la dinámica familiar. No es tanto que no quieran “blanquear” su nueva pareja, sino que prefieren mantener las cosas en compartimientos estancos, evitando en lo posible el contacto de los hijos previos con la nueva pareja. Uno de los temas que se trabajan en terapia en estos casos son las culpas y las cuestiones no resueltas con la/el ex, tanto a nivel afectivo como financiero.  Otro tema que también se trabaja es la flexibilidad, ya que iniciar una nueva convivencia exige una alta capacidad de gestión de las relaciones personales, para convivir con niños de diferentes edades, de distintos padres, con costumbres, pautas educativas, alimentarias y culturales diversas.

Cuando no todo es color de rosas…

Pasar de ser una pareja con hijos previos y viviendas separadas a iniciar una nueva convivencia, no siempre es tan idílico como se muestra en las películas. Además de lo ya mencionado sobre la necesidad de resolver sentimientos y situaciones con los ex, y el requisito de altas dosis de flexibilidad, es necesario abordar temas financieros y de vivienda; la nueva pareja debe acordar dónde van a vivir y cómo compartirán su dinero. Mudarse a una nueva casa, en lugar de establecerse en la casa anterior de alguno de ambos, suele ser lo más recomendable para que se trate de un “nuevo hogar” y no de una segunda parte… También hay que decidir cómo se comparten los gastos, y si se va a hacer un pozo común o cada uno va a guardar su dinero por separado… Son dos decisiones complejas que se suelen trabajar bastante en terapia. Otro tema que hay que abordar es el rol que desempeñará cada uno en la crianza de los hijos del nuevo cónyuge. Suele ser difícil en algunos casos encontrar un equilibrio, especialmente en cuestiones de disciplina y cuando hay hijos adolescentes… En estos casos, solemos recomendar que el progenitor sea el principal responsable del control y disciplina, hasta que el padrastro o madrastra y los niños establezcan un vínculo sólido. También suele ser útil preparar una lista de normas del hogar (“en esta casa no decimos malas palabras”, “cada miembro de la familia acuerda limpiar lo que ensucia“, etc.).

Cuando se prioriza la familia y se descuida la pareja…

Los roces y las discusiones muchas veces afectan la relación de la nueva pareja, ya que se saltean la etapa de convivencia solos que suele servir para afianzar la relación, y en cambio se sumergen rápidamente en una dinámica familiar en la que se suelen priorizar las necesidades de los hijos… Pero también suele ocurrir que los hijos, especialmente los más pequeños, puedan sentir celos, abandono o competencia cuando su padre o madre dedica más tiempo y energía a su nuevo cónyuge. Otro tema que en algunos casos es conflictivo es la vida sexual de la pareja, especialmente cuando hay hijos pequeños con hábitos de “dormir en la cama de mamá o de papá”; la situación también se complica cuando hay hijos adolescentes, que por la etapa de desarrollo en la que están, son muy sensibles a las manifestaciones afectivas y pueden sentirse incomodados por un romance activo en la familia. También a la inversa, hay padres que suelen inhibir las expresiones de afecto hacia su pareja cuando están presentes los hijos… Los terapeutas solemos recomendar que la pareja reserve un tiempo de prioridad para sí, haciendo salidas regulares o viajes sin los hijos.

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Salir del estereotipo de la “madrastra mala”…

Los términos madrastra y padrastro están en revisión, ya que, por lo que observamos en el consultorio, tienen una connotación negativa muy fuerte. Los hijos en muchos casos prefieren hablar de “la novia de papá” o “la pareja de mamá”, o simplemente mencionarlos por su nombre de pila. Cuando trabajamos en terapia las relaciones con los hijos en las familias ensambladas, la recomendación general es no apresurarse, y dejar de lado la ansiedad por integrarse de inmediato ya que no siempre es posible establecer una relación cercana con los hijastros desde el primer momento; es necesario considerar el sexo de los chicos y su estado emocional. A veces es mejor ir de a poco, comenzando con muestras de afecto verbal, como elogios o cumplidos, en lugar de cercanía física, como abrazos y besos. Las nenas, en especial, suelen sentirse incómodas con las demostraciones físicas de afecto de su padrastro. En general, los varones parecen aceptar a un padrastro con mayor rapidez que las chicas. Algo que toda madrastra y todo padrastro aprende rápidamente es a no opinar sobre los ex; pero también es importante que las madres y los padres eviten criticar y hablar en contra de sus ex cónyuges frente a sus hijos porque esto debilita la autoestima del chico e incluso puede ponerlo en una posición de defender al ausente o de escudarse en un mundo imaginario en el que se niega la separación, para evitar el dolor…

Puede llevar entre dos a cuatro años que una nueva familia ensamblada se adapte a convivir en armonía. En el proceso, muchas veces a “los míos y los tuyos” se agregan “los nuestros”, lo cual puede complicar o facilitar las cosas, depende de cómo se encare. La consulta con un psicólogo puede ayudar a que el proceso avance sin complicaciones.

 

Lic. Irene Spinadel

Espacio Psi

Paseo Mendoza, Maschwitz

( 15 4024 3266

 

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